Manejo y Administración del Tiempo
Click Image To Visit SiteAmbos bordeaban los 40 años de edad, estaban casados, Juan tenía una hija de 6 años y Pablo dos hijos, de 8 y 5 respectivamente.
Y aunque hace 3 años los dos empezaron a aventurarse en los negocios por internet. Decidieron dedicar unas horas luego del trabajo, al volver por la tarde, para desarrollar su negocio.
Pablo tiene un negocio lucrativo, no es rico, pero hace seis meses que dejó su trabajo en la empresa, sale a cenar con su esposa una o dos veces por semana y ayuda en lo que puede a sus hijos en sus tareas (aunque siempre dice que la mamá es mejor para esas cosas), recoge a sus niños todos los días afuera de la escuela para asegurarse que lleguen bien a casa a la hora de almorzar en familia.
Tiene ingresos recurrentes de poco más de $ 3.000,00 (TRES MIL DÓLARES) mensuales y está por lanzar otro negocio.
Juan mantiene su empleo en la empresa y por la crisis económica que enfrentan en su país, su esposa ha tenido que conseguir un trabajo a tiempo completo. Aún no logra ganar dinero por internet y sus deudas siguen creciendo.
Lo interesante es que ambos han invertido una suma similar de dinero en cursos de marketing por internet, técnicas de generación de tráfico, software de diseño de páginas web, nombres de dominio, servicios de hosting y autorrespondedores.
Ambos tuvieron las mismas ganas, la misma educación, la misma “mentalidad”, no obstante los resultados fueron completamente diferentes.
Pablo tiene algo que ni el dinero, ni el conocimiento, ni la “mentalidad”, ni las ganas pueden dar…
Mientras Juan se esforzaba por hacer muchas cosas a la vez y finalmente no hacía nada, Pablo terminaba una tarea tras otra.
Mientras Juan planeaba proyecto tras proyecto sin llevar ninguno a término, Pablo armaba proyectos y los lanzaba al mercado enseguida.
Mientras Juan se distraía con cosas del hogar, navegando por internet, chequeando cada nuevo email que llegaba, Pablo logró crear una rutina diaria para sí mismo, que le permitió tener su vida organizada y dejar de ser un “esclavo de las circunstancias” para convertirse en amo y señor de su tiempo.
No importa cuánto dinero tengas, dónde hayas nacido, tu raza, cultura, religión o nivel intelectual.
Sin embargo, la mayoría de las personas desperdicia este valiosísimo recurso. Se quejan de las diferencias sociales, de las preferencias por un grupo u otro de parte de los jefes de estado, pero aquello, en lo que todos somos iguales, lo desperdician.
Imagina un ferrocarril con 24 vagones que tiene que salir de la “Estación A” a la “Estación B” y que puedes quedarte con todo lo que lleves hasta dicha estación.
Te dicen que puedes colocar lo que desees en cada uno de los vagones, lo que tú quieras, y que el ferrocarril sólo hará un viaje… Read more…








